lunes, 26 de diciembre de 2011

Conclusión final. Nuevo comienzo.

Releyéndome las tres únicas y pobres entradas que he hecho en el blog me doy cuenta de lo subjetiva y paranoica que he sido. En realidad lo soy siempre -y seguramente no soy la única-, pero pocas veces me doy cuenta.

Sí, he tenido problemas. Sí, han sido una absoluta mierda que han durado demasiado tiempo y me han jodido mucho. Pero, ¿y quién no los tiene? Tampoco me voy a autoflagelar por quejarme de ellos, porque es lo normal que se suele hacer, pero supongo que ahora lo veo todo desde otra perspectiva. No es que lo haya olvidado y superado todo, pero estoy más... ¿relajada? Supongo que he tenido tiempo para pensar en otras cosas y reflexionar sin verlo todo tan encima de mí.

Como siempre, el problema es aquello que ya mencioné en otra entrada que me gusta hacer tanto: daydreaming. En ocasiones es genial y te lleva a vivir momentos preciosos y maravillosos, pero lo difícil es aceptar que no es más que una mentira creada por ti mismo. Y escribo esto mientras intento que mis ojos no se llenen de lágrimas, cuando se suponía que ya lo había aceptado. Pues, como se puede ver, no está tan claro.

Pero la teoría la tengo bien asumida, y de sobra. Y tampoco es que me la haya impuesto nadie; es sólo algo que una aprende con la experiencia. Que no hay que esperar el mundo entero de alguien, por ejemplo. O que no hay que hacerse tantas esperanzas ante algo. Aunque esto entra en controversia con lo que siempre he creído: el darlo todo y no abandonar lo que quieres aunque parezca imposible o improbable. El asunto es que hacer esto me ha causado últimamente bastantes problemas y me está haciendo replantearme seriamente lo que creo.

Pero el punto clave en todo esto es que a partir de ahora debo ser realista. Está bien eso de soñar, imaginar y construir un futuro idealizado, pero hay que tener en cuenta que no es real, y que si te lo crees demasiado, el batacazo que te llevarás después será de los épicos. Y después no se vale echarle las culpas a la otra persona, porque ese pobre diablo sólo ha cometido el error de ser como es él y creer que lo sabes y lo verías de la misma manera. En realidad, quien ha ido metiendo mierda a la bola de problemas, has sido tú sin darte cuenta.

Así que, una vez concienciada de todo esto, me dispongo a empezar de nuevo. Es cierto que no he acabado de cambiar mi objetivo, pero quizás tampoco tengo por qué hacerlo. Mientras no siga actuando igual de mal que he hecho hasta ahora, creo que todo va bien. Y, al final, igual llego a la luz en todo esto y me olvido de una vez por todas. Pero como dijo Jack el Destripador: Vamos por partes. Y la primera es cambiar mi metodología. Confío en que me traerá menos dolores de cabeza y más momentos felices y relajados en la compañía que deseo.


Me sorprendo a mí misma con esta reflexión, en realidad. La he hecho varias veces estos últimos días, pero por partes separadas y no tan completa. Está bien haberla acabado de pulir para poder llevar a cabo las soluciones. ¿Será gracias al espíritu mágico de la Navidad? Bah. Ni lo sé, ni me interesa en demasía.


¡Felices fiestas a todos!