jueves, 1 de septiembre de 2011

Culpa.

A veces cometemos errores de los que después nos arrepentimos. Que hacen aflorar ese horrible sentimiento de culpa que parece que no desaparecerá en años. Quisiéramos hacer recular el tiempo, volver a ese maldito instante y hacer las cosas de otro modo. Pero por desgracia no todo el mundo tiene un Giratiempo.

La vida pasa, los momentos son únicos y tú decides qué hacer con ellos. Aunque unas pocas veces, el subconsciente aparece en el peor de los momentos y te hace fastidiarlo todo. Sólo en un segundo de descontrol, de arrebato, puedes cambiar la más sincera sonrisa por el llanto más desesperado. Y surge ese odio a ti mismo, ese deseo de cambiar, esa necesidad de autocastigo. Querer golpearte, patearte, morderte, sentir lo que les haces sentir a los demás sin importar lo que te pase. Pues bien, no lo aconsejo si no te gusta lidiar más adelante con el dolor. ¿Aunque lo merezcas? ¿Aunque sientas que por lo que has hecho te hayas ganado toda una vida de arrepentimiento? Bueno, entonces no soy la más indicada para negártelo.

Pero si sólo fuese la parte física, sería aguantable, ¿verdad? Lo más complicado de sobrellevar es el autocastigo psíquico, el odio, la repugnancia a uno mismo. No aguantar tu propia personalidad y necesitar un cambio que jamás llegará. Entender entonces por qué te sientes tan solo y por qué te da la sensación de que los demás te rehuyen. Quizás porque es así, porque no te soportan igual que tú no te soportas a ti mismo. Y debes aceptarlo con resignación, porque te conoces, y no tienes narices a discutirlo. ¿De dónde sacar una argumentación? Tu cabeza está podrida, perdida en el subconsciente y golpeada, y poco se puede hacer con una mente en esas condiciones.

Menos mal que tu rinconcito de marginación, sea cual sea, seguirá donde siempre, esperándote calentito en tus días de autodestrucción.

"Please save me, I've been waiting, been aching far too long..."

No hay comentarios:

Publicar un comentario